Zen es un camino. Es un camino dentro del  budismo pero no depende de ninguna religión.
Es un sendero sin dogma y sin una meta fija...

 

Es una practica natural que nos permite descubrir una manera de aliviar el sufrimiento a través del entrar más profundamente en nuestra vida y en la vida del mundo. El zen es un camino que se fue desarrollando a través de los  siglos por  personas que buscaron y descubrieron cómo vivir con el nacimiento y la muerte, la tragedia y la alegría, y lo ordinario y milagroso que aparece en cada momento. Este camino  apunta a nuestra verdadera naturaleza de sabiduría y compasión, creatividad y libertad ilimitadas. Sin embargo, es tan simple como la luna que descansa en el cielo nocturno. El zen no tiene que ver con  creencias y prácticas espirituales complicadas. Se trata de ser simplemente  lo que ya somos y vivir totalmente nuestras vidas ricas en todas las circunstancias.

Trabajar directamente con un maestro o una maestra

 

Los miembros de la comunidad Oaxaca Zen tienen la oportunidad, si así lo desean, de trabajar estrechamente con un maestro o una maestra. Trabajar con un maestro nos da la oportunidad de practicar de manera más activa con la meditación y los koans, y con tu propia vida y transformación.

 

Cuando trabajas con un maestro, meditas diariamente y dejas que el koan te acompañe en tu vida diaria (y en tus sueños en la noche). Por lo general, te juntas con el maestro una vez cada semana o cada quince días para conversar y explorar lo que te ha mostrado el koan. Idealmente, la cita es en persona, pero también puedes reunirte a través de Internet (por ejemplo, Skype) o por teléfono si no es posible hacerlo frente a frente..

 

Para hablar con un maestro sobre el trabajar juntos, comunícate directamente con D Allen o email, queave@gmail.com.

¿Qué es un koan y por qué meditamos con ellos?

He aquí un koan:

Paso a paso en la oscuridad, debido a que mi pie no está mojado he encontrado la piedra.

 

Los koans pueden ser poemas, y algunos poemas pueden ser koans. Pueden ser frases cortas, cuentos, palabras de una canción, o breves diálogos. Lo que los hace diferentes de los poemas, historias y diálogos es que los koans son puertas muy particulares. Un koan nos permite notar que hay una puerta en frente de nosotros que tal vez no habíamos advertido. Una vez que vemos la puerta, por lo general parece estar cerrada o incluso bloqueada. Pero cuando se logra abrir lo que en realidad se abre somos  nosotros. Esto se debe a lo que lo que estaba cerrado éramos nosotros mismos y lo que no se había dado cuenta de eso  también era algo en nosotros. 'Nosotros'  incluye a todos y a todo el mundo.

 

Por lo tanto, los koans pueden darnos pistas. Ellos no se conforman con darnos una descripción de la realidad o de una enseñanza que podemos etiquetar o colgar en algún lado. Ellos nos dan la experiencia de en sí. Pueden cambiarnos.

 

Los koans encuentran nuestros sufrimientos. De hecho, ya estamos sufriendo, pero los koans penetran en los lugares generalmente inconscientes dentro de nosotros donde esos sufrimientos se congelan. La mayoría de los koans nos muestran nuestros condicionamientos. A veces, un koan nos golpea  la cara; a veces se coloca suavemente en nuestras manos para acompañarnos a mirar juntos al mismo tiempo que nos sostiene en su regazo. Nunca sabemos lo que va a hacer hasta que lo está haciendo. Esa es la aventura. Es nuestra vida.

 

Los koans encuentran y acarician nuestros corazones. Somos humanos y tenemos nuestro corazón,  por lo tanto hemos probado el amor, el cuidado, la compasión. Pero los koans encuentran los pedacitos de hielo en nuestros corazones y entonces los pueden derretir ya sea lentamente o en un instante. Son capaces de encontrar las espinas en nuestros corazones y pueden extraerlas en una maniobra quirúrgica rápida, o dejar que  la espina trabaje en nosotros y se libere poco a poco de manera natural como una astilla que sale  de un dedo después de un tiempo. Es entonces cuando recordamos el sabor del amor, porque ahí está de nuevo. Y quizás esta vez sea  más bien como una fiesta. Es nuestra vida.

 

Aquí hay otro koan:

Las montañas están cubiertas de nieve.

¿Por qué un pico no está blanco?

 

Que podemos hacer con los koans? Bueno, podemos hacer lo que queramos. Podemos luchar con ellos, tratar de "resolverlos”, tratar de romperlos. Pero la mayoría de personas se da cuenta de que esto no los lleva muy lejos.

 

Así que podemos solamente invitarlos a que se unan a nosotros, que nos hagan compañía. Podemos notar lo que estamos notando. Podemos observar lo que está pasando en nuestra meditación y en nuestra vida cuando el koan se nos muestra. Comenzaremos a darnos cuenta lo que nos quieren decir.  También pueden aparecer en los sueños, por lo que podemos observar nuestros sueños y ver la forma en que los sueños se manifiestan como en una danza con el koan.

Podemos observar cómo un koan particular nos hace sentir. A menudo, un koan no nos gusta, hasta nos enoja o se nos hace aburrido,  ese koan tiene algo importante que mostrarnos. Por ejemplo, quizás quiera mostrarnos una parte de nosotros mismos, que creíamos haber dejado atrás y que puede estar deseando volver a conectarse

 

Podemos tener conversaciones con los koans. Podemos platicar con amigos sobre los koans. Podemos destilar un koan hasta sólo una o dos palabras y dejar que esas palabras se escurran o se filtren a través de todo nuestro cuerpo y mente , día y noche. Podemos sentarnos tranquilamente, en contacto con lo que hay aquí, compartiendo el momento con el koan (muy recomendable!). Podemos simplemente olvidarlo y ver qué pasa. Es nuestra vida.

 

Los koans tienen una historia interesante e inspiradora. Históricamente, la mayoría de los koans aparecieron hace aproximadamente mil años en China. Durante una época en que las personas luchaban por sobrevivir después de un período de diez años en que la mayoría de la población fue aniquilada por guerras, invasiones, por el hambre y la enfermedad. Muchos se preguntaban: "¿Cómo podemos vivir, nosotros los que hemos sobrevivido?" Los koans tienen sus raíces profundas en el budismo Chan. El término Zen es la versión japonesa del Chan.

 

La mayoría de los koans surgieron como  una frase dicha por alguien en un momento en que dio el paso hacia su despertar, una enseñanza medular de un maestro Zen para alentar a un discípulo  o un diálogo entre los monjes. También fueron enseñados por laicos y a menudo por mujeres. Fueron recordados y fueron pasando a otras personas como un método para acompañar la meditación y la vida. La palabra 'koan'  en chino significa literalmente 'caso público " y su  sentido es el de ser un documento público que contiene sabiduría. Muchos fueron sistematizados en colecciones conocidas como “Blue Cliff Record” y “Entangled Vines”. Estos son utilizados para el entrenamiento riguroso por parte de algunos linajes del Zen en Japón. Más recientemente, en Occidente, algunos maestros, que aún siguen la tradición Chan, han tratado de adaptar la enseñanza de los koan a nuestros tiempos. Con los años y más allá de las fuentes originales, otros koans han ido sumándose a la corriente.

Una versión excepcional  de algunos koans es la realizada por el maestro Zen contemporáneo, John Tarrant, en su libro “Bring Me the Rhinoceros”.

"Porque un pico no está blanco?"

--D. Allen

Maestro John Tarrant en como trabajar con un koan

 

1. Antes que nada, no te fuerces demasiado. Solo repite un poco las palabras del koan. Estás uniéndote a una conversación atemporal y estás formando una relación con el koan, para que puedas permitir que todo suceda sin esforzarte en ello. 

 

2. Aparécete. Ten la vida que tienes, y deja que el koan entre en ella. Piensa que es un  juego. Todos quieren desarrollar la meditación como una habilidad, pero desarrollar una habilidad es hacer tu vida más pequeña de lo que es. Antes que eso, la meditación debe aparecer en tu propia vida. Es personal; algo en tu vida  se aparecerá  para encontrar lo que creías haber perdido. No será lo que esperabas. 

 

3. Confíe en lo que no sabes.  Por lo general, cuando queremos entender algo, lo llevamos hasta arriba, le  encontramos un cajón y le ponemos una etiqueta. Si hacemos eso con la  meditación, todavía nos quedamos  afuera de nuestra vida. En cambio, puedes dejar que el koan entre a tu corazón y a tu cuerpo. Permite que te cambie.

 

4. Experimenta. Déjate caer en el koan, comete errores, intenta  mal interpretarlo, encuentra sus virtudes. No puedes romper un koan. Hazte  preguntas con respecto a él.

 

5.  El koan puede ser tu amigo. Puede ser el perro fiel que te sigue a todas partes. Entonces puedes dejar de luchar. Solo el llevarlo contigo  te cambiará; comenzarás a verlo en todas partes. Acompáñate del koan sea lo que sea que estés haciendo. Incluso cuando estás dormido, puede estar allí, como una bondad inadvertida.

 

6. Cualquier parte del koan es todo el koan.

 

Tu mente te presenta todo tipo de cosas. Aún si estuvieras delirando, muriendo o simplemente muy emocionado, la luz estaría allí. La práctica es tan fuerte  como eso. Secretamente, dentro de cualquier estado, está el destello de ese algo que siempre ha estado aquí. Simplemente aparécete en cualquier situación y date cuenta.

 

7. No necesitas un estado mental especial.

 

Hay muchos estados de ánimo tranquilos y claros, pero la meditación no se trata de lograrlos. La meditación ocurre antes de la fijación de que cualquier estado de ánimo.

 

8. Ten confianza en ti mismo.

 

Lo más importante es no juzgar, criticar, evaluar o encontrar fallas en cualquier cosa que surja en tu mente. Y eso incluye cómo te va con el koan. Si no puede evitarlo y juzgas, criticas, evalúas y encuentras fallas en ti mismo, no critiques eso. Entonces la compasión tendrá un lugar por donde  entrar.

 

Podemos volvernos  hacia cualquier cosa  que surja. Ningún momento de la vida es indigno de nosotros ni está mal, y cada ser tiene un tesoro que nunca se ha perdido. Está bien disfrutar del koan, dejar que se convierta en lo que tu eres,  saborear tu vida.

Puede que lo que hagas está bien.

 

- John Tarrant

Zen is a path. It's a path within Buddhism but it doesn't depend on any religion. It's a path without dogma or a fixed destination...

 

It's a natural practice that allows us to discover a way of relieving suffering through entering more deeply in our lives and the life of the world. Zen is a path that was developed through centuries by people looking for and finding how to live with birth and death, tragedy and happiness, the ordinary and miraculous that is found in each moment. This way points to our true nature of wisdom and compassion, creativity and unlimited freedom. Yet it is as simple as the moon resting in the night sky. Zen isn't about beliefs and complicated spiritual practices. It's about being what we are and having our full rich lives in all circumstances.

Working closely with a teacher

 

Members of the Oaxaca Zen community have the opportunity, if they choose, to work closely with a teacher. Working with a teacher is an active way to engage with meditation and koans and with your own life and transformation.

 

When working with a teacher, you meditate daily and you let the koan be with you in your daily life (and in your dreams at night). Typically, you meet with a teacher once every week or two for a conversation. Ideally this is in person, but you can also meet through the internet (skype, for example) or a phone call if a face to face meeting is not possible.

 

To speak to a teacher about working together, speak directly with D Allen or email, queave@gmail.com.

What is a koan and why do we meditate with them?

Here’s a koan:

Step by step in the dark, since my foot is not wet I have found the stone.

 

Koans can be poems, and some poems are koans. They can be short phrases, stories, words from a song, or brief dialogs. What makes them different from poems and stories and dialogs that aren’t koans is that koans are special gates. A koan lets us notice that there’s a gate in front of us we maybe hadn't noticed. Once we see the gate, it usually seems shut, locked even. But it’s made to open. When it opens, what actually opens is us. That’s because what was shut is us, and what hadn’t been noticed is also something about us. ‘Us’ includes everybody and our whole world.

 

So, koans can give us insights. They don’t settle for giving us a description of an insight—a teaching we can make into a bumper sticker. They give us the experience of the insight itself. They change us.

 

Koans find our sufferings. Well, we’re already suffering, but koans draw out the usually unconscious places in us where those sufferings have congealed. Most koans present us with some part of our conditioning. Sometimes a koan will rub it in our faces; sometimes it gently places it in our hands to look at while it holds us in its lap. We never know what it’s going to do until it’s doing it. That’s part of the adventure. It’s our life.

 

Koans find and massage our hearts. We already have hearts, of course. We’re humans, so we’ve already tasted love, caring, compassion. But koans find the icy bits in our hearts; then they melt them, slowly or in a flash. They find the thorns in our hearts. They may then extract them in one quick surgical maneuver, or the thorn may just naturally work itself free just like a splinter works its way out of a finger over time. Then we remember that taste of love because here it is again. And now maybe it’s more like a whole feast. It’s our life.

 

Here’s another koan:

The mountains are covered with snow. Why is one peak not white?

 

So, what can we do with koans? Well, we can do whatever we want. We can fight with them, try to ‘solve’ them, try to break them open. But most people find that doesn’t get us real far.

 

We can just invite them to join us, keep company with us. We can notice what we’re noticing. We can notice what’s going on in our meditation and in our life when the koan shows up. We’ll begin to notice what they’re pointing out to us. They can also show up in dreams, so we can notice our dreams and how they may be in a kind of dance with the koan.

We can notice how a particular koan makes us feel. Often, a koan we don’t like, one that we might even hate, or that makes us angry or bored, is one that has something important to show us. It might, for example, want to show us a part of ourselves, maybe even a part we’d left behind and might want to reconnect with.

 

We can have conversations with koans. We can have conversations with friends about koans. We can distill a koan down to just a word or two and let that percolate through our whole body and mind through the day and night. We can sit quietly, in touch with whatever’s here, sharing the moment with the koan (highly recommended!). We can just forget about it and see what happens. It’s our life.

 

Koans have an interesting and inspiring history.

Historically, most koans appeared about a thousand years ago, in China. During a time when people were wrestling with life after a ten year period in which the majority of the population was wiped out by war, invasion, famine and disease, many were asking: “How do we live, we who are survivors?” Koans’ roots are deep in Chan Buddhism. What we call Zen is the Japanese version of Chan.

Most koans were either a phrase spoken by someone at a moment of stepping free, a pithy teaching by a Zen teacher encouraging a student, or a dialog between monks. Koans also involve laypeople, often women. They were remembered and passed along to others as a method to accompany meditation and life. The word ‘koan’ literally means ‘public case’ in Chinese, and carries the sense of a public document that contains wisdom. Many were systematized into collections like Blue Cliff Record and Entangled Vines. These were used for rigorous training by some lineages of Zen in Japan. More recently in the West, some teachers look back to Chan in China while adapting the koans to our times. Beyond the original sources, over the years other koans entered the stream.  Some koans are entering today.

For an exceptional discussion of some koans by a contemporary Western Zen teacher, see John Tarrant’s book, Bring Me the Rhinoceros.

 

"Why is one peak not white?"

 --D. Allen

John Tarrant, Roshi, on how to work with a koan

1. First of all, don’t try too hard.

Just repeat the words of the koan to yourself a bit.
You are joining a timeless conversation and you are forming a relationship with the koan, so you can let all that happen without worrying about it.

2. You show up.

Have the life you have, and let the koan into it. Think of it as play. Everyone wants to develop meditation as a skill, but building a skill is just making your life smaller than it is. Before that, meditation is showing up for your own life. It’s personal; something in your life will rise to meet what you think you lost. It will not be what you expected.

3. Trust what you don’t know.

Usually if we want to understand something we take it up to the top floor and find a shelf with a label for it. If we do that with meditation, we are still outside of our own lives. Instead, you can let the koan into your heart and your body. Let it change you.

4. Experiment.

Fall into the koan, make mistakes, try to misunderstand it, find its virtues. You can’t break a koan. Ask yourself questions about it.


5. The koan can be your friend.

It can be the good dog that follows you around. So you can stop struggling. Just wondering about it will change you; you’ll begin to notice it everywhere. Keep company with the koan whatever you are doing. Even when you are asleep it might be there, an unnoticed kindness.

6. Any part of the koan is all of the koan.

Your mind presents all sorts of things. Even if you were delirious, dying, or just really excited, the light would be there. The practice is robust like that. Secretly, inside any state there’s the glint of something that has always been here. You just show up in any condition and you start to notice.

7. You don’t need a special state of mind.

There are many calm and clear states of mind, but the meditation is not about chasing after them. Meditation occurs before any states of mind become fixed.

8. Have confidence in yourself.

The most important thing is not to judge, criticize, assess, or find fault with anything that arises in your mind. This includes how you are doing with the koan. If you can’t help it and you do judge, criticize, assess, and find fault with yourself, don’t criticize that. Then the compassion has somewhere to come in.

We can turn toward whatever arises. No moment of life is unworthy of us or wrong, and every being has a treasure that was never lost. It’s fine to enjoy your koan, to let it become you, to relish your life.
You might be doing it right.

 

--John Tarrant

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