• D Allen y Amigxs

"Siempre El Mismo Cuerpo"/Still the Same Body Articulo por la maestra zen Rachel Boughton


Una vez había un templo con un gran espejo. La abadesa tenía la práctica de meditar en frente del espejo para ver su verdadera naturaleza. Después de eso, cada abadesa subsecuente meditaba en frente del espejo y escribía un poema. La quinta abadesa, la Princesa Yodo, escribió este poema:


Corazón despejado, corazón nublado

Parado o cayéndose,

Siempre es el mismo cuerpo.

(de La Lámpara Escondida, editada por Florence Caplow y Susan Moon)




Siempre es el mismo cuerpo. Siempre es el mismo cuerpo. Siempre es el mismo cuerpo. Ciertas partes de koans, canciones, poemas, historias, sueños, son persistentes. Son los fragmentos importantes, las partes que no puedo asimilar fácilmente. No hay ninguna explicación fácil que me permite ponerlos en una caja y alejarme. Este verso es un fragmento de ese tipo para mí.


Una princesa que es una abadesa medita al observarse en un espejo, el mismo que utilizaron todas las abadesas anteriores, y todas las abadesas que vendrán. Ella mira fijamente hacia atrás a todas ellas, y hacia adelante a todas ellas. El espejo no ha cambiado. El centro del universo está justo aquí, y el mundo se mueve alrededor. Cuando me veo a mí y a mi interior, es o es lo que sucede, conforme el mundo gira alrededor mío, lo que puedo ver no tiene fin.


El mismo cuerpo. El mismo momento. Puedo ver cómo este momento es todo lo que hay y jamás habrá y nunca termina, siempre está aquí. Y mi cuerpo es el mismo cuerpo desde cuando hubo materia, y probablemente antes, porque ¿cuándo pudo haber habido un momento de discontinuidad? Y yo siempre lo tendré, este ahora, este cuerpo. Aun cuando sus elementos se dispersen, todavía está aquí. Parado, cayéndose…

Tenemos tantas historias sobre cuerpos. Una conocida sentía que su cuerpo cambiaba cuando era cruel, se convertía en algo que desconocía, contaminado por lo que había pensado o hecho. Cuando cosas difíciles suceden, a veces tenemos que soltar nuestro cuerpo por un momento, dejarlo a la deriva como un barco, o cortar los amarres y dejar que deambule sin rumbo. Pero el koan dice que podemos recuperar nuestro cuerpo. No hay nada que yo pueda hacer que me descalifique. ¡Regresa a casa! ¡Todo está perdonado! Siempre es el mismo cuerpo.


Algunos de nosotros, sin pedirlo, sentimos el dolor del mundo. Y esto puede ser más común de lo que creemos. Cuando algo malo sucede a otras personas, lo sentimos como nuestro propio dolor. Sin saber la razón, nos sentimos tristes o gritamos, lamentamos, lloramos y nos jalamos de los cabellos. ¿Es mi cuerpo personal o es el cuerpo del mundo? ¿Podemos soportar sostenernos tan íntimamente? ¿Preocuparnos tanto el uno por el otro?


Cuando mi primer bebé había empezado a desarrollarse dentro de mí, la llamaba “el cacahuate” porque tenía sentido que algo tan pequeño estaría a la vez tan bien protegido (lo que me tranquilizaba) y tan difícil de detectar. Y no era posible detectarla, por mucho tiempo, salvo porque hacía sentirme vagamente mareada todo el tiempo. Pero yo esperaba que ella se moviera, esperaba alguna señal que yo me había convertido en dos. Todavía utilizan una palabra antigua para describir esto, “avivamiento”. Y después, un día, algo que podría haber sido una burbuja pero no lo era, revoloteó, y supe que esa parte de mí también era alguien más. Y sentí un profundo respeto por la persona dentro de mí que estaba convirtiéndose en alguien. Me acuerdo que me acosté al sol sobre una piedra grande en la base de la Cascada de Snoqualmie y en ese momento estaba claro que otro ser estaba allí adentro. Siempre el mismo cuerpo. De la nada o de todo, hacia el ser, siempre el mismo cuerpo.


Este es el cuerpo que siempre me ha sostenido, un yo que está limitado y a la vez no tiene límites. El mismo cuerpo que era una estrella y polvo de estrella y gameto y embrión y que un día parpadeó hasta tocar la conciencia, que vivió una realidad de unidad, en donde todo y todos eran yo. Y el mismo cuerpo donde yo descubrí que mi mente mágicamente mandaba a mi cuerpo que hiciera algo. Y el mismo cuerpo donde yo desperté a un yo particular, que podía estar separado de otras personas y cosas. Y el mismo donde otra vez no tendré un yo, donde me caeré y no me levantaré ya más. De regreso hacia nada, o hacia todo. En cada etapa de mi ser, es siempre este mismo cuerpo.


La pregunta surge, ¿es demasiado, puedo soportar tener este enorme cuerpo, este cuerpo vasto y sin límites, terrible, inimaginable, maravilloso? ¿Puedo sostener todo, todo este mundo, todo este universo, desde el comienzo hasta el fin del tiempo? Y la respuesta es sí, probablemente si puedo, porque soy. Siempre el mismo cuerpo.


<Original English version from http://santarosazen.blogspot.mx/2017/08/still-same-body.html>


Once upon a time there was a temple with a great mirror. The first abbess had a practice of meditating in front of it to see into her true nature. After that, each subsequent abbess would meditate in front of the mirror and write a verse. The fifth abbess, Princess Yodo, wrote this verse: 


Heart unclouded, heart clouded; 

standing or falling, 

it is still the same body

(from The Hidden Lamp, edited by Florence Caplow and Susan Moon)


It's still the same body. It's still the same body. It's still the same body. Certain parts of koans, songs, poems, stories, dreams, are persistent. They're the important bits, the parts I can't quite get my head around. There's no easy explanation that allows me to put them in a box and walk away. This line is that way for me.


A princess who is an abbess meditates while gazing into a mirror, the same one used by all the previous abbesses, and all the abbesses to come. She stares back at all of them, forward at all of them. The mirror hasn't changed. The center of the universe is right here, as the world moves around it. When I look at and into myself, that's what happens, as the world moves around me, there's no end to what I can see. 


The same body. The same time. I can see the way this moment is all there ever is or will be and it never ends, it is always here. And my body is the same body as long as there was matter, and probably before, because when could there have been a discontinuity? And I will always have it, this now, this body. Even as its elements scatter, it's still here. Standing, falling...


We have so many stories about bodies. Somebody I knew felt that her body changed when she was unkind, it became something unknown to her, tainted by what she had thought or done. When difficult things happen, we sometimes have to let go of our body for awhile, set it adrift like a boat, or cut the traces and let it wander away. But the koan says we can have ourselves back. There's nothing I can ever do to disqualify myself. Come home! All is forgiven! It's still the same body. 


For some of us, unbidden, we feel the pain of the world. And this may be more common than we're quite aware of. When something bad happens to other people, we feel it as our own pain. Without knowing the reason, we become sad or even cry out, lament, wail and tear our hair. Is it my personal body, or is it the world's body? Is it bearable to hold each other so close? To care so much?


When my first baby had just started growing inside me I called her "the peanut" because it made sense that something that small would be both well-protected (which was reassuring) and undetectable. And she was undetectable, for a long time, except for making me feel vaguely queasy all the time. But I felt for her to move, waited for some sign that I had become two. They still call that by an old word, quickening.  And then, one day, something that could have been a bubble but wasn't, fluttered, and I knew that part of me was also someone else. And I felt a profound respect for the person inside me who was becoming a somebody. I remember lying on a large rock in the sun at the base of Snoqualmie Falls and at that moment it was clear that another being was in there. Still the same body. Out of nothing or everything, into being, still the same body. 

This is the body that has always held me, a me that both is and isn't limited. The same body that was star and stardust and gamete and zygote and blinked into awareness one day, who lived in a unitary reality, where everything and everyone was me. And the same body where I discovered that my mind made my body magically do something. And the body where I woke up to a particular me, that might be separate from other people and things. And the one where I will again not have a me, where I will fall down and not get up again. Back into nothing, or everything. At each stage of my being, it is still this same body. 


The question arises, is it too much, can I bear to have this huge body, this vast and boundless, awful, unimaginable, wonderful body? Can I hold it all, this whole world, this whole universe, from the beginning till the end of time? And the answer is yes, probably I can, because I am. Still the same body.


--12th August 2017 by Rachel Boughton Photo by Rachel Boughton

https://www.pacificzen.org/teachers/rachel-boughton/

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