• D Allen y Amigxs

¿Vivo o Muerto? experiencias en los días de los muertos/Alive or Dead?

Actualizado: 9 de abr de 2019

[English version is below the Spanish version]


Jianyuan y su maestro Daowu asistieron a un funeral para un vecino que había muerto. Se detuvieron al lado del cuerpo.

Jianyuan tocó el cajón y preguntó: "¿Vivo o muerto?"

Daowu dijo: "No digo vivo. No digo muerto ".

Jianyuan preguntó: "¿Por qué no lo dices?"

Daowu dijo, '¡No lo diré! ¡No lo diré! ’


“Las comparsas son desfiles participativos realizados durante los días de muertos, con música, baile, mezcal y mucha diversión. La gente se disfraza, se pinta la cara o se pone máscaras. Las muerteadas suceden solamente en Oaxaca, y se dice que son comparsas que permiten a los muertos “ocupar” el cuerpo de un vivo, un participante de la muerteada, o un integrante del público, durante unos momentos y así el muerto disfruta directamente de la diversión en vez de hacerlo a través de otros”.


“…directamente en vez de hacerlo a través de otros..”

Eso me gusta. Me recuerda el mundo de los koans.


No solamente las muerteadas. La primera noche de los días de muertos hay procesiones a los cementerios para visitar las tumbas de los angelitos, los niños muertos, y traerlos nuevamente a su casa durante solamente una noche. Hay golosinas y juguetes para ellos. Lágrimas, tristeza, tal vez un poco de miedo, pero más que nada alegría y música, chocolate caliente y pan de muertos. La próxima noche se regresa nuevamente al cementerio. Hay despedidas; los niños se van. Pero ahora llegan los muertos que son abuelas y abuelos, tíos y amigos queridos, primos e hijas, amantes, bisabuelos…..todos van en procesión a las casas con los altares de flores y fotos, velas y dulces. En un altar hay un plato de pastelitos y trompos para niños; en otro hay una botella de cerveza y una baraja; en otro una guitarra y una púa rota. Estos regalos, las cosas que disfrutaron los muertos que se honran antes de que murieran, están aquí para que los disfruten nuevamente.


En el cementerio de un pueblo pequeño en las afueras de la ciudad de Oaxaca, como en muchos cementerios esta noche, las tumbas y mausoleos están alumbrados con las velas y los colores resplandecientes de las flores de otoño, con baratijas y piedras, con manteles hermosos sosteniendo alimentos y bebidas. Deambulando por este laberinto, una familia me invita a sentarme con ellos en la tumba de su abuelita. Me ofrecen una copa de su mezcal favorito y un cigarro Marlboro, su marca favorita. Tomo, fumo, no necesito decir mucho en mi pobre español. Todo está en tomar y fumar y oler el incienso de copal y escuchar la bulla del bebe. Tomo el mezcal; la abuelita se pone alegre y ríe. Ella le da un toque al cigarro; mis pulmones empiezan a arder.


Deambulando más por la maraña de tumbas y personas, siento la calidez de la noche. Así que me sorprende cuando, al pasar por una tumba, siento como si alguien abriera la puerta del refrigerador. Aire frío. Realmente es aire frío. Quiero pensar que tal vez estoy un poco borracho, pero cuando mi curiosidad me impulsa a regresar a la calidez de la noche y nuevamente retroceder hacia la tumba, la sensación de frialdad es inconfundible… y veo que no hay nadie sentado aquí, no hay velas ni flores, comida ni bebida. Me pregunto qué historia habrá aquí.


Les he preguntado a mis amigos oaxaqueños: ¿cómo entienden la muerteada y las procesiones y las reuniones de la familia con sus muertos? ¿Es superstición? Es decir, ¿en realidad crees que tu abuelo o tu sobrina que murió a la edad de dos años regresan a casa desde la tierra de los muertos y pasan la noche con ustedes? ¿Que disfrutan de lo que han puesto en el altar para ellos? ¿Lo creen literalmente? ¿O todo es una metáfora? ¿Literal o metáfora? ¿Vivo o muerto?


Es una pregunta incómoda, ¿verdad? Y, aunque entienden la pregunta, realmente no resuena con las personas a las que consulto. El Día de los Muertos no está en ese territorio. Está en el sabor del chocolate caliente y en la pintura que hace un esqueleto del lado izquierdo de mi cara.


No es uno. No es dos.


¿Vivo o muerto?

No diré. No diré.

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<english version>

Alive or Dead?


Jianyuan and his teacher Daowu attended a funeral for a neighbor who had died. They stopped by the side of the body.

Jianyuan rapped on the coffin and asked, ‘Alive or dead?’

Daowu said, ‘I don’t say alive. I don’t say dead.’

Jianyuan asked, ‘Why won’t you say?’

Daowu said, ‘I won’t say! I won’t say!’


“Comparsas are participatory Día de los Muertos (Day of the Dead) parades with music, dancing, mezcal and general fun. People often dress in costumes and wear face paint or masks. Muerteadas are particular to Oaxaca, and are said to be comparsas that allow the dead to “occupy” a living body, either a muerteada participant or an audience member, for a time, and therefore enjoy the entertainment directly rather than vicariously.”


"...directly rather than vicariously."

I like that. Sounds like koans to me…


Not only muerteadas. The first night of Day of the Dead there are the processionals to the cemeteries to visit the graves of the angelitos, the dead children, and bring them back home for just one night. Treats and toys for them. Tears, sadness, maybe a little afraid, but more laughter and music, hot chocolate and bread de muertos. The next night it’s back again to the cemetery. There are goodbyes; the children are left. But now the muertos who are grandmothers and grandfathers and uncles and dear friends and cousins and daughters and lovers and great-grandfathers…they process back to homes with altars of flowers and photos, candles and candies. On one altar there’s a plate of pastries and some child’s tops; on another a bottle of beer and deck of cards; on another a guitar and a broken pic. These gifts, the things the honored muertos enjoyed before they died, are here for them to enjoy again.


In the cemetery of a small pueblo outside Oaxaca city, like in many area cemeteries on this night, the graves and tombs are alight with candles and the blazing fall colors of fall flowers, with trinkets and stones, with a lovely tablecloth holding food and drink. Wandering through this dancing maze, I’m invited by a family to sit down and join them on their abuelita’s grave—their ‘little grandmother’. I’m offered a cup of her favorite mezcal and a Marlboro, her favorite brand. I drink, smoke, no need to say much in my poor Spanish. It’s in the drinking and smoking and smell of the amber incense and fussing of the baby. I drink the mezcal; the abuelita gets tipsy and laughs. She drags on her cigarette; my lungs start to hurt.


Wandering on through the jumble of graves and people, it’s a balmy night. So I’m jolted a bit when alongside one particular grave it’s like a refrigerator door is flung open. Cold air. It really is cold air. I want to think I must be getting a little trippy, but when my curiosity leads me to walk past the grave back into the warm night air and then to step again back beside the grave, I feel again the unmistakably chilly air…and I notice there is no one sitting here, no candles or flowers, no food or drink. I wonder what story this is.


I’ve asked around among my Oaxacan friends: How do you understand the muerteada and processions and family reunions with the dead? Superstition? I mean, do you really think grandpa or your niece who died at the age of two come home from the land of the dead and spend the night with you? That they enjoy what you put on the family altar for them? Do you believe this literally? Or is it all a metaphor?

Literal or metaphorical? Alive or dead?


It’s a tight question, isn’t it? And so, though they understand the question, it doesn’t resonate with most of the people I ask. The Day of the Dead is not in that territory. It’s in the taste of this hot chocolate and in the greasepaint making the left side of my face a skeleton.


Not one. Not two.


Alive or dead?

I won’t say. I won’t say.

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